Problema:
Al usar herramientas de Inteligencia Artificial (IA), se nos olvida que podemos estar sacrificando privacidad: la IA mejora con los datos que le proporcionamos (documentos, códigos, información personal) y estos datos pueden quedar almacenados y usarse para entrenarla, cuando muchos de ellos son sensibles.
Escenario:
Necesitas que Gemini, ChatGPT, Cursor, Claude, DeepSeek, por mencionar algunas, te ayuden a resumir un trabajo de investigación, corregir una presentación o generar código para un proyecto. Y claro, esto tomando solo un par de minutos y olvidando que puede ser sensible y lo que el día de mañana pueda significar, pegas el documento completo. Ahora, esa información crucial y privada ya no está solo en tu control.
Solución:
Antes de darle a la IA cualquier información, practica el «Principio del Mínimo Dato»:
Elimina lo sensible: Borra nombres, direcciones, números de cuenta, fechas de nacimiento y cualquier detalle confidencial antes de pegarlo.
Usa ejemplos genéricos: Reemplaza los datos reales (por ejemplo, en lugar de «Juan Pérez», usa «Cliente X»).
Si es laboral o escolar: Muchas ocasiones las empresas o escuelas pagan una plataforma y esta no guarda información para entrenar sus modelos.
Pregúntale a la herramienta: Muchas plataformas de IA tienen opciones para desactivar el historial o evitar que tus prompts (lo que escribes) se usen para su entrenamiento. ¡Actívalas!
